INSTRUCCIONES:
Encuentra en la sopa de letras los valores y las actitudes que se ponen en
práctica durante el diálogo.
ü RESPETO
ü TOLERANCIA
ü ESCUCHAR
ü CONFIANZA
ü PRUDENCIA
ü SOLUCIONAR
ü PAZ
ü CONVIVENCIA
|
P
|
A
|
G
|
S
|
Q
|
W
|
E
|
R
|
T
|
Y
|
U
|
I
|
O
|
P
|
P
|
O
|
|
A
|
A
|
S
|
D
|
R
|
E
|
S
|
P
|
E
|
T
|
O
|
F
|
G
|
R
|
H
|
J
|
|
F
|
G
|
Z
|
H
|
I
|
J
|
K
|
E
|
L
|
Ñ
|
Z
|
X
|
C
|
U
|
V
|
B
|
|
T
|
N
|
M
|
Q
|
W
|
E
|
R
|
Y
|
S
|
I
|
O
|
P
|
A
|
D
|
S
|
C
|
|
O
|
D
|
F
|
G
|
H
|
J
|
K
|
L
|
Ñ
|
C
|
Z
|
X
|
C
|
E
|
V
|
O
|
|
L
|
Q
|
A
|
Z
|
W
|
S
|
X
|
E
|
D
|
C
|
U
|
R
|
F
|
N
|
V
|
N
|
|
E
|
T
|
G
|
B
|
Y
|
H
|
N
|
U
|
J
|
M
|
I
|
C
|
O
|
C
|
P
|
V
|
|
R
|
Ñ
|
Q
|
A
|
Z
|
W
|
X
|
E
|
D
|
C
|
R
|
F
|
H
|
I
|
V
|
I
|
|
A
|
T
|
C
|
O
|
N
|
F
|
I
|
A
|
N
|
Z
|
A
|
J
|
M
|
A
|
S
|
V
|
|
N
|
G
|
S
|
Y
|
U
|
Q
|
E
|
T
|
Y
|
D
|
H
|
J
|
S
|
C
|
R
|
E
|
|
C
|
B
|
V
|
N
|
P
|
S
|
V
|
N
|
J
|
K
|
O
|
Ñ
|
E
|
E
|
H
|
N
|
|
I
|
U
|
A
|
K
|
U
|
V
|
E
|
R
|
H
|
J
|
A
|
X
|
L
|
A
|
M
|
C
|
|
A
|
J
|
Q
|
U
|
Ñ
|
R
|
H
|
I
|
L
|
C
|
B
|
N
|
U
|
R
|
D
|
I
|
|
I
|
M
|
S
|
L
|
U
|
C
|
I
|
O
|
N
|
A
|
R
|
Y
|
J
|
B
|
S
|
A
|
|
K
|
L
|
P
|
N
|
A
|
S
|
T
|
G
|
H
|
Y
|
M
|
B
|
E
|
N
|
U
|
S
|
|
Ñ
|
P
|
T
|
F
|
R
|
S
|
R
|
Y
|
M
|
C
|
Q
|
A
|
B
|
C
|
D
|
F
|
EL PERRO Y EL GATO
Había una vez
un perro afónico. Era afónico desde siempre, porque nunca había podido ladrar,
pero nadie en la granja donde vivía lo sabía. Como desde muy pequeño había
visto que no podía ladrar, había aprendido a hablar sosegadamente con todo el
mundo y a escucharles, y convencerles de sus opiniones sin tener que lanzar ni
un ladrido, ganándose el afecto y confianza de todos.
Pero un día,
el perro habló con un gato tan bruto y cabezota, que no encontraba la forma de
hacerle entrar en razón. Entonces, sintió tantas ganas de ladrar tan fuerte,
que al no poder hacerlo se sintió en desventaja. Así que dedicó unos meses a
inventar una máquina de ladrar que se activase sólo cuando él quisiera. Y poco
después de tenerla terminada, volvió a aparecer por allí el gato testarudo, y
tanto sacó al perro de sus casillas, que lanzó un ladrido tan aterrador con su
máquina de ladridos.
-
¡¡¡GRRRRROAUUUUUUUUUUUU!!!
Entonces, no
sólo el gato, sino todos los animales, se llevaron un susto terrible, y durante
meses ninguno de ellos se atrevió salir. El perro quedó tan triste y solitario,
que tuvo tiempo para darse cuenta de que no necesitaba ladrar para que le
hicieran caso ni para salirse con la suya, y que sin saberlo, su afonía le
había llevado a ser buenísimo hablando y convenciendo a los demás. Así que poco
a poco, a través de su tono amable y cordial, consiguió recuperar la confianza
de todos los animales, y nunca más pensó en recurrir a sus ladridos ni a sus
gritos.
LOS MALOS VECINOS
Había una vez
un hombre que salió un día de su casa para ir al trabajo, y justo al pasar por
delante de la puerta de la casa de su vecino, sin darse cuenta se le cayó un
papel importante. Su vecino, que miraba por la ventana en ese momento, vio caer
el papel, y pensó:
- ¡Qué
descarado, el tío va y tira un papel para ensuciar mi puerta, disimulando
descaradamente!
Pero en vez
de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche vació su papelera junto a
la puerta del primer vecino. Este estaba mirando por la ventana en ese momento
y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan importante que había
perdido y que le había supuesto un problemón aquel día. Estaba roto en mil
pedazos, y pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que además lo
había roto y tirado en la puerta de su casa. Pero no quiso decirle nada, y se
puso a preparar su venganza. Esa noche llamó a una granja para hacer un pedido
de diez cerdos y cien patos, y pidió que los llevaran a la dirección de su
vecino, que al día siguiente tuvo un buen problema para tratar de librarse de
los animales y sus malos olores. Pero éste, como estaba seguro de que aquello
era idea de su vecino, en cuanto se deshizo de los cerdos comenzó a planear su
venganza.
Y así, uno y
otro siguieron fastidiándose mutuamente, cada vez más exageradamente, y de
aquel simple papelito en la puerta llegaron a llamar a una banda de música, o
una sirena de bomberos, a estrellar un camión contra la tapia, lanzar una
lluvia de piedras contra los cristales, disparar un cañón del ejército y
finalmente, una bomba-terremoto que derrumbó las casas de los dos vecinos...
Ambos
acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo
habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del
silencio, comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron haciendo amigos hasta
que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces
se dieron cuenta de que todo había sido una coincidencia, y de que si la
primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas
intenciones de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por
casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie...
Y así fue,
hablando, como aquellos dos vecinos terminaron siendo amigos, lo que les fue de
gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas casas.


Estas son algunas de las actividades que tenía contempladas para mi clase, la primera que utilicé fue el cuento de "Los malos vecinos" para introducirlos al tema de "El diálogo", con ello confirmé que a los niños les gusta que les lean pues es a partir de la lectura en voz alta cuando ellos pueden desarrollar la capacidad para escuchar.
ResponderEliminar